jueves, 8 de diciembre de 2016

Amigos: ¡Un regalo de Dios!

Me radiqué en la Patagonia en el año 1978. Lo que significa varios años de vivir en este maravilloso  suelo Patagónico.  Llegué con 45 años de edad para empezar de nuevo. Mi hijo de 14 años, quedó con los abuelos hasta que yo tuviera un lugar donde estuviéramos con casa propia. La experiencia fue mía, pero a él no podía insertarlo en el gran sacrificio lleno de dificultades que significa comenzar de nuevo desde cero. Comencé con mi carrera docente y recibí el más grato regalo al dar clases a los niños, que fueron mis grandes amigos y con los que tuve un trato ideal.
 Esta es la primera imagen que tuve de mi grado Primario. Necesitaba comenzar de nuevo y entregué todo mi entusiasmo y valentía para adaptarme a mi nuevo lugar.
Nunca había vivido sola.  Tanto en mi hogar con mis padres, con las costumbres de la época de hogares donde no se dejaba que los niños y jóvenes anduvieran por cualquier lado a la hora que fuera. Luego la vida de casada, muy similar en  hábitos y costumbres, los viví siempre resguardada y por supuesto sintiéndome muy

cómoda viviendo a lo que estaba acostumbrada.

En esta otra imagen, ya habían pasado varios años en la misma Escuela pero siempre me daban niños pequeños y a todos le dí mi experiencia y todo mi amor.
   Después de muchos años de jubilada, todavía recibo recuerdos y cariños de quienes siendo niños fueron mis alumnos. También sigo agradecida porque de los pequeños siempre se reciben grandes lecciones de vida.

 Aquí ya estaba en el último año antes de jubilarme y como siempre mi grupo fue hermoso. Fuimos grandes compañeros y  yo estaba activa como siempre. No supe de lo que es tener los nervios crispados, ni tampoco agotada. Lo he pasado muy bien y me sentía muy feliz. Mi hijo ya era docente y estaba en mi misma escuela en su primer año de docente en ese lugar . Siempre tuve trabajo y logré jubilarme.
 También esta foto es de ese último año. De felicidad para mí y de una pena enorme por el cierre de la Mina de Hierro de la localidad. Eran los primeros rumores que luego, se confirmaron. Algo que fue muy penoso para toda la  población.

Fiestas escolares, días de recordación, guerra de Malvinas, feroces nevadas de tres meses de duración. Noches largas, días desparejos por el clima. Entorno en silencio por el cierre de la mina y durante de la Guerra de Malvinas hubo oscurecimientos, mucha nieve y mucho temor.

 En esta imagen de candombe estoy en primer término, bailando para los niños, devolviendo la atención de tantos actos escolares donde las primeras figuras fueron los alumnos.



Así entre risas y llantos entre esperas e incertidumbres pasaron muchos años de tranquila convivencia en una localidad que me dio Todo lo que ya esperaba recibir. ¡Gracias Patagonia!



Con mis mejores amigos!: ¡Los niños!